El
sol se estaba poniendo, no había casi gente en el templo de Debob.
Prácticamente no hacía casi frio. Paseamos por delante del templo y lo
rodeamos. El sol estaba poniéndose. Paseamos hacia el fondo, hacia una
balaustrada, donde nos paramos, me apoye, estaba totalmente atónito ante
semejante espectáculo que estaba presenciando, el sol caía lentamente, y en el
fondo del atardecer, la catedral de La Almudena y la casa de campo en el
horizonte. Sentí como unos brazos acercándose a mi lentamente, era Dan, me
estaba abrazando. Sentí sus fuertes brazos rodeándome toda mi cintura, me apoye
en su hombro. Era más alto que yo, solo un poco más. No me fije hasta ese
momento que dan llevaba puesto unos vaqueros oscuros y una sudadera de Hollister.
Mirando aquella puesta de sol, abrazado por un dios sabelotodo del que poco conocía,
en el horizonte a lo lejos se veía unas aves volar, sentí que la respiración de
Dan se acercó a mi oreja.
-
Hay veces que para hacer un sueño y fantasía
realidad, tampoco hace falta mucho para conseguirlo- me susurro
-
Como por ejemplo…
No sé
de donde salieron esas palabras. Y tampoco hubo una respuesta. Dan miro a los
alrededores, no había absolutamente nadie. Me dio la vuelta bruscamente, estábamos
frente a frente, nariz con nariz.
-
¿Seguro que quieres conocer el Olimpo?
La respiración
en ese preciso momento se me corto. Miraba sus ojos penetrantes, brillaban, ya
estaba prácticamente todo oscuro, una sonrisa muy excitante se reflejó en la
cara de Dan. No podía mediar palabra alguna, ni si quiera mi maldito
subconsciente. Se acercó a mis labios, casi rozándolos. ¿Preparado? Si, respondí
con un sonido de voz muy ahogado. Tiro de mí y salimos corriendo, nos metimos
entre medias de los restos arqueológicos, aquellas paredes colosales rodeadas
de agua, me empotro contra una de ellas y se lanzó salvaje hacia mis labios. Sentí
sus labios carnosos como se rozaban con los míos, una situación demasiado
excitante. Sentía mucho morbo, en ese momento, una parte dentro de mí que desconocía
salió a flote. Y como no otra vez, mi maldito subconsciente.
-
¿Crees que el pequeño Ganimedes, es el que era? Yo
ya conozco el Olimpo ahora te toca conocer a ti, lo que es el verdadero OLIMPO HUMANO.
Me tenía
empotrado en la pared derecha, hice fuerza me lance y le empotré contra la
pared izquierda, saque ese lado que desconocía. Se sorprendió. Empecé a besarlo
con fuerza, como si un león devorase su última presa. Le cogí de las manos y muñecas
se las puse por encima de la cabeza. Esa sensación me gustaba, me excitaba. Su respiración
se aceleraba, y tomé el control de la situación. Le quite la camiseta, su torso desnudo
incitaba al pecado, como si fuese uno de esos males que se escaparon de aquella
caja de Pandora. Deslice mi lengua desde sus labios poco a poco recorriendo
todo el pecho, pasando por sus pezones y jugando con ellos, seguí bajando por
la zona abdominal, donde me entretuve, hasta llegar a la entrepierna, y esos
vaqueros ajustados oscuros. Estaba empalmado. Hice el amago de acercar mi boca
pero subi lamiendo de nuevo todo su torso desnudo. Eso, le hizo excitarse más aun… me gustaba y
le gustaba. Le bese lentamente.
-
No todo… es fácil… si quieres conocer el Olimpo
Humano… vámonos a otro sitio… aquí no, cogí su camiseta, le toque el paquete y
fui para el coche.