sábado, 30 de marzo de 2013

El pequeño Ganímedes y el dios "sabelotodo"

Cruce de la Estación de Atocha (Madrid)
No supe que responder, me quede pillado. Y no sé como fue que reaccione y salieron de mi boca palabras que ni si quiera sabia de donde procedían.

-       ¿Y por qué Zeus iba a querer a Ganímedes en el siglo XXI? ¿Por qué Ganímedes se va a querer escapar de las garras de Zeus, sin tener motivo alguno?

El muñeco del paso de cebra cambio de rojo a verde y empecé a cruzar dejando detrás a Dan. Empecé a sonreír como un imbécil, intentando disimular lo máximo posible, seguramente Dan estaría ahí quieto, intentando asimilar las palabras que había expulsado como si un oráculo contara la profecía que estaba a punto de cumplirse.

-          A lo mejor Ganímedes tiene motivos para escaparse.

Me gire, en el medio de la carretera.

-          Como por ejemplo…- otra vez esas palabras que procedían de un lugar que no conocía.

-      Como por ejemplo que una mirada te impresione y te deje anonadado junto a una historia te enamore, y salgas huyendo porque no sabes como reaccionar ni actuar y tu única salida es la huida. Y quizás Zeus, quiera conocer a Ganímedes de verdad y raptarlo en el siglo XXI.

Una vez más mi cara se calentó, eso significaba que me estaba sonrojando. Un coche toco el claxon.

-          Vamos Ganimedes del siglo XXI, deja circular a los carruajes. Que no eres el centro del mundo.

Me cogió del brazo y me llevo a la acera. No sabía ni para donde mirar, era como si todo a mi alrededor no existiera nadie. Solo estaba yo y mi mente, intentando asimilar todo lo que Dan me había dicho. Era la única persona que me había leído la mente, en realidad era la única persona que nada mas conocerlo, me había impactado. Y en realidad, si salí del Prado para poder entender y poder centrarme en el trabajo de “La mitología en el Arte”.

-          Eh! Pequeño Ethan ¿estás bien? Te has puesto muy pálido.

-          Si, estoy bien, solo que nadie me había llamado en la vida Ganimedes, y la verdad, me sentí en un momento fuera de mi, nunca un dios me pudo impactar y saber tanto de mi sin conocerme.- le mire a los ojos y sonreímos.

-          ¿Estaría dispuesto Ganimedes a dar un paseo por el Parque de El Retiro con un dios sabelotodo ahora mismo?

-          No me importaría… pero no puedo

-          ¿Por qué?

-          Tengo muchas cosas que hacer y tengo un largo paseo hasta mi casa y tengo mucho que estudiar.

-          ¿Dónde vives?

-          Lejos, muy lejos de aquí.

-          ¿Cuánto de lejos?

-          No eres un dios sabelotodo, adivínalo.

-          Hay cosas que están fuera del alcance de los dioses sabelotodo, como por ejemplo: saber donde vive cada una de las personas que conoce.

-          Vivo a las afueras de Madrid.

-          Bien, algo es algo.

-          Me tengo que marchar dios sabelotodo, no llegare si no a la hora de comer. Adiós.

Empecé a andar rápidamente dirección a la puerta de la entrada de la estación.

-          ¡Espera! No vas a dejar a un dios sabelotodo sin una respuesta sincera, quiero volver a verte pequeño Ganímedes, me has caído bien.

-          Nos veremos pronto.

-          ¿Cuándo?

-          No, lo sé

-          Una cosa antes de que te vayas pequeño Ganímedes. ¿Estás viviendo en el siglo XXI o no estas actualizado en tecnologías de última generación?

-          Si, estoy actualizado, la verdad demasiado.

-          Y… ¿Por qué no me das un numero para seguir actualizados juntos?.

-          No doy mi número a desconocidos.

-          No soy un desconocido, recuerda que soy un dios sabelotodo.

-          Un dios sabelotodo, que no sabe nada.

-          Vale, me has pillado, pero ¿Me das tu número? Me gustaría volver a verte pequeño Ganímedes.

Me paso su teléfono móvil, y le apunte mi número de teléfono.

-          ¿Contento?

-          Si, pequeño Ganímedes, nos vemos muy pronto.

-          No lo sé, porque hay veces que el pequeño Ganímedes. Se pierde en si mismo y nadie le encuentra.

-          Le encontraré, recuerda soy un dios sabelotodo.

Me giño el ojo y se alejó subiendo de nuevo el Paseo del Prado. Vi cómo se alejaba, me di media vuelta para volver a casa. 

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