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| Orfeo y Euridice- Rubens |
Ser un enamorado del arte tiene sus consecuencias. Uno. La gente te mira mal y que piensan que eres un friki por ver cosas en imágenes que muchos no entienden. Dos. Ser joven y homosexual, te convierten en alguien diferente al resto.
Sin duda estoy en el prado para primero elegir un autor, para hacer el maldito pero preciso trabajo para la maldita práctica. Y la verdad no se cual escoger. Tengo variedad de autores. Empecé a andar por aquellas grandiosas galerías de hermosas pinturas. Goya, Velázquez, Murillo, Rembrandt… De repente me pare en seco, y mire a lo lejos. Vi un nombre. Rubens.
Rubens o también conocido como Pedro Pablo Rubens, pintor del barroco de la escuela flamenca. Un pintor que siempre me había gustado por su gran colorido. Sabía que tenía pintura de tema mitológico, pero no pensé que tenía tanta.Empecé a andar y a pasear por aquella sala, rodeado de figuras voluptuosas y de gran belleza. Pero no sé por que un cuadro me llamo muchísimo la atención. Orfeo y Eurídice.
Cuenta el mito que Orfeo, hijo de Apolo (y nieto de Zeus) y de Calíope, musa de la poesía épica y de la elocuencia, poseía el don de la música y de la poesía.
Enamorado perdidamente de Eurídice, una ninfa de los valles de Tracia, la convierte felizmente en su esposa. Pero un nefasto día, tratando ella de huir de Aristeo, hijo de Apolo y que pretendía poseerla, pisó una serpiente venenosa y, mordida por ésta, murió.
La pena invadió entonces a Orfeo, y llorando desconsoladamente a las orillas del río Estrimón, entonó canciones tan tristes que todos los dioses y todas las ninfas le incitaron a descender al inframundo, donde, con la ayuda inestimable de su música, consiguió sortear mil y un peligros, conmoviendo a demonios y tormentos.
Una vez hubo llegado ante Hades y Perséfone, dioses regentes del Inframundo, utilizó de nuevo su música consiguiendo convencerlos de dar a Eurídice la oportunidad de regresar al mundo de los vivos. Pero pusieron una condición: Orfeo debía caminar siempre delante de ella y no mirarla hasta que ambos hubieran llegado arriba, y los rayos del sol hubieran bañado por completo a Eurídice.
El camino de regreso se hizo terriblemente largo. Orfeo se mantenía sus ojos al frente a pesar de las enormes ansias que le invadían de admirar a su amada. No se volvió ni aún cuando los peligros del Inframundo los acechaban.
Ya en la superficie, Orfeo, al borde de la desesperación, giró la cabeza creyendo que todo había pasado, pero Eurídice aún tenía un pie a la sombra y, en ese preciso instante, se desvaneció en el aire, ya sin posibilidad de volver de nuevo.
Pobre Orfeo nunca pudo tener lo que amaba, tan solo por una mirada hacia atrás.
- Bonita historia pero que final más trágico ¿no? – dijo un chico que estaba atrás mía, ni si quiera le mire.
- Si, la verdad que pienso que Orfeo se merecía algo mejor, no sufrir de esa terrible forma, de no poder tener lo que más quieres. Pero al fin y al cabo es realista, no todo el mundo puede tener lo que quiere, esto no es una película si no la vida real.
Me gire. Y vi a un chico, de tez blanca, una bella sonrisa y con unos ojos verdes que penetraron en los míos de repente, Mi cara en este momento sería una vanguardia como el Grito de Munch.
- Hola son Dan. Encantado.
Me sonroje, ante su mirada.
- Ethan. Encantado.

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