viernes, 29 de marzo de 2013

Ganímedes como seducción


El Rapto de Ganímedes- Rubens

Nunca pensé que unos ojos me pudieran mirar tanto tiempo seguido. Nuestras miradas se cruzaron. No sabía cómo reaccionar ni que hacer en ese preciso momento. Estaba anonadado ante esos ojos verdes. Así pues, aparte la vista, porque en el fondo su mirada me intimidaba como nunca antes me había pasado. Por primera vez una mirada me daba miedo.

Tras apartar la vista, continúe andando por aquella fabulosa galería, y intentar centrarme en el trabajo de la mitología en el arte. Y sobre las obras que estaban expuestas en aquella sala.

Seguía en la sección de Rubens. Un autor fantástico. Me pare frente a un cuadro, un cuadro un poco extraño, no destacaba con el resto. Pero había algo en aquel cuadro que me cautivo por completo.  Estaba en una esquina de la sala y no tenía mucha iluminación. Llevaba de título “El Rapto de Ganímedes”. En el se veía a un apuesto joven, Ganímedes, siendo raptado por un agila. Los colores del cuadro eran vivos, y el cuerpo de Ganímedes un auténtico trabajo desnudo, que impresionaría a cualquiera donde él era el centro de atención. La verdad era un cuadro muy diferente al resto, me inspiraba ternura, compasión, juventud, alegría pero pena a la vez. Me gustaría saber más sobre aquel cuadro.

-          - “El rapto de Ganímedes”, un gran cuadro, una historia que a mi me hubiese gustado vivir.- Dijo Dan.
-          - ¿Por qué?
-          - ¿No conoces la historia del joven Ganímedes?

Le mire y su mirada hizo que me ruborizara. Poco común en mi

-          - Veo que no- sonrió- Cuenta el mito que Había una vez un rey llamado Tros, que pertenecía a la casa real de Troya. El monarca estaba casado con Calírroe. Tenía varios hijos: Ilo, Asáraco y Cleopatra. Pero entre todos ellos sobresalía uno, un apuesto joven adolescente, Ganímedes. Este último era el preferido del Rey Tros. Zeus cansado de sus relaciones con mujeres, lo miró desde lo alto de su palacio del Monte Olimpo y quedo impresionado de su gran belleza y ardió de deseo de poder poseer a aquel joven. Así pues, Zeus se transformó en Águila. Mientras tanto Zeus le observaba, el apuesto joven estaba cuidando a los rebaños de su padre en los alrededores del palacio. Así llego Zeus, transformado en Águila, lo cogió con sus garras y se lo llevo a lo alto del Monte Olimpo para yacer de placer con él. Ganímedes era tan hermoso que Zeus quiso preservar su belleza de las calamidades de los mortales: la enfermedad y la vejez. Dándole así el divino néctar, la bebida de los Dioses, y así hacerlo inmortal y le asigno un trabajo; debía servir néctar a los dioses en las frecuentes fiestas que celebraban. Por otra parte Tros, el padre de Ganímedes, lo busco por todos los confines de la tierra, pero no lo encontró en ningún momento. Interrogo a todos sus súbditos. Algunos de sus criados y esclavos le explicaron que habían oído una gran tormenta y que el príncipe había desaparecido. Pero concretamente uno de ellos le contó que su hijo había sido secuestrado por un águila. El rey no creía esta historia, pensaba que uno de sus auténticos enemigos había raptado a su hijo. Al ver Zeus la tristeza del rey Tros. Encargo a Hermes, el dios mensajero, para que en sueños le comunicara al rey lo que había sucedido con su amado hijo y que le dijese que se había hecho inmortal y que nunca más enfermaría ni moriría y que estaba sirviendo la bebida de los dioses en el Olimpo. Luego le mando dos hermosos cabellos, tan ágiles y fuertes que solo podrían compararse con la fuerte pasión que sentía Zeus con Ganímedes. Tros creyó la historia. Pero había dos problemas: Uno. Zeus ya estaba casado con Hera. Y el trabajo de servir ambrosia ya estaba tomado por Hebe, su hija. Pero a Zeus le daba igual y Ganímedes era tan buen mozo que todo lo valía. Al fin cedió a las pretensiones de su esposa, pero con la única condición de que Zeus siempre pudiese siempre mirar a su hermoso esposo, por lo que le trasformo en Acuario, en la constelación de Acuario. Así que, cada vez que Zeus quería ver a su hermoso compañero, sale con su águila a contemplar el estrellado cielo, recordando los días y las noches que estuvieron juntos. Y esta es su historia.
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      - Guau, es la primera vez que oigo esta historia homosexual en toda la mitología grecorromana, y si me hubiese gustado ser Ganímedes. Conteste. ¿Y cómo es que sabes tanto de Mitología?
-               -  Estudie la carrera de Filología Clásica y hice un master sobre la mitología en el arte.
-                -  Yo estudio, Historia del Arte, me apasiona.
-                - Se ve que te gusta. Sonrió.
-                - ¿Por qué? Le pegunte
-               - Nada más tienes que ver tu cara mientras te contaba la historia y contemplando el cuadro a la vez, parecías el joven Ganímedes siendo raptado por Zeus.

En ese momento no sabía dónde meterme, me miro a los ojos y no pude evitar que una sonrisa se me plasmara en mi rostro. Dan, se rio al ver cómo me ruborizaba, tenía una sonrisa esplendida y una mirada que me cautivaba completamente. Seguí andando por la sala del museo viendo los cuadros expuestos, y Dan me seguía por detrás. Acabé de ver la sala y me dispuse a salir del prado. Parecía que me había dejado de seguir Dan. Y me dispuse a salir del Prado. Me puse rumbo a la estación de Atocha. Cuando estaba en el paso de cebra para cruzar a la estación. Alguien me hablo.

-         - ¿Pensabas que Ganímedes se iba a escapar tan fácilmente de las garras de Zeus? – Me pregunto Dan. 

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